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12 Junio 2017 • Medio Ambiente

Smart cities: ciudades casi de ciencia ficción que mejoran la vida de sus habitantes

En las películas y en las novelas de ciencia ficción, las ciudades siempre son muy tecnológicas. Las luces se encienden solas, los electrodomésticos saben qué es lo que los habitantes de las casas quieren y los semáforos no solo regulan la marcha del tráfico, sino que además pueden gestionar el volumen de coches y el tiempo de espera para reducir atascos y hacer que lleguemos antes a casa. La ciudad es inteligente y sus habitantes se benefician de todo lo que la tecnología puede ofrecerles. La realidad está ahora mucho más cerca de lo que podría parecer de esas ciudades futuristas que imaginaban los guionistas y los literatos de décadas atrás. Que las luces se enciendan y se apaguen solas o que el frigorífico nos avise de que los alimentos están a punto de estropearse no es ciencia ficción, sino más bien funcionalidades que se pueden incluir en los hogares del presente. Ese hogar inteligente está en una ciudad igualmente inteligente, la smart city.

 

 

Las smart cities son cada vez más habituales y están convirtiéndose en la solución perfecta para muchos de los problemas a los que se enfrentan las ciudades en todo el mundo. Las previsiones de los expertos hablan de que en el futuro cada vez más personas vivirán en las ciudades, una tendencia que ya ha protagonizado los cambios demográficos de las últimas décadas. Además, esos urbanitas estarán cada vez más concentrados. Una estimación de Naciones Unidas señala que en 2030 el 60% de la población vivirá en mega-urbes.

Todo ello hace que la gestión de la ciudad y el día a día en la misma sea cada vez más complicado. Cuantas más personas viven en las ciudades, más problemas tienen estas de embotellamientos, contaminación, gestión de residuos o seguridad ciudadana. Las ciudades inteligentes usan la tecnología y todos los cambios y herramientas que ésta ha propiciado para intentar solucionar todos estos retos y para hacer que la vida de sus habitantes sea mejor. Las smart cities buscan la eficiencia, pero también una mejor calidad de vida para sus ciudadanos.

De hecho, los primeros ejemplos de smart cities que protagonizaban las primeras conferencias y encuentros sobre el tema usaban el big data para detectar pautas de delincuencia y atajarlas antes de que pasasen o para mejorar los tiempos de respuesta de los servicios de emergencia, empleaban diferentes herramientas para reducir el gasto de electricidad de la ciudad sin por ello bajar la calidad del servicio o potenciaban la sostenibilidad optimizando las rutas del transporte público. Esto se ha convertido en una especie de beneficios base que sus habitantes esperan de las ciudades inteligentes a medidas que éstas llegan a más lugares, pero no son los únicos. La tecnología ayuda a mejorar desde la cohesión social hasta a luchar contra el cambio climático.

smart city

 

Todas estas mejoras en el día a día de los ciudadanos se hacen siendo creativos, usando lo que la ciudad ya tiene y aprovechando la innovación para posicionar nuevos servicios. Por ejemplo, según previsiones de la firma de análisis Gartner, en 2020 el 10% de las smart cities usarán las farolas como puntos de soporte para las redes WAN, lo que permitirá ofrecer Internet de alta velocidad a sus habitantes. Otro ejemplo de cómo cambiarán las cosas se encuentra en el campo de la salud. El 30% de las ciudades inteligentes, según otra estimación de Gartner para 2020, contarán con robots y dispositivos inteligentes que mejorarán la atención médica, haciendo que recojan datos sobre los pacientes en el lugar en el que se encuentran o ayudándolos en movilidad.

¿Cómo es una smart city? 

Por ello, se podría decir que lo que se le debe exigir a una smart city es que se centre en cuatro grandes grupos de problemas, necesidades y actividades. Así, estas ciudades tienen que mostrar un desarrollo económico sostenible, ser eficaces a la hora de gestionar los recursos naturales invitando además a los ciudadanos a participar en ello, emplear la propia infraestructura para hacer la vida de sus habitantes más fácil y contar con un apoyo firme tanto por parte de la administración como de los propios ciudadanos.

En general, se podría decir que estas ciudades no solo se preocupan por los problemas a los que se enfrentan sus habitantes, sino que además toman más medidas para solucionarlos. Esto puede verse claramente en uno de los grandes terrenos en los que operan, como es la contaminación. Las smart cities tienen muchos mecanismos de respuesta para frenar las emisiones y sus efectos en los habitantes. Así, por poner otro ejemplo, Pekín está probando una aspiradora inteligente que ayudará a reducir el impacto de la contaminación en la ciudad, Chicago está llena de cajas smart que recogen en tiempo real información sobre polución, contaminación acústica o temperatura para poder conocer mejor la salud de la ciudad y Santiago de Chile está utilizando autobuses eléctricos en su red de transporte público.

 

smart citizens

 

Para encontrar ejemplos no hay que irse tan lejos: en Málaga se ha cambiado el alumbrado público para hacerlo más eficiente no solo cambiando las bombillas sino también haciendo que la luz sea más tenue cuando no hay peatones, se han optimizado los edificios tanto público como privados para reducir el gasto energético o se ha automatizado el control de la red para ser más eficaces en la respuesta a averías, entre otras mejoras que han hecho a la ciudad inteligente.

Por ello, el modo en que se aplican estos principios de forma práctica está muy ligado a la tecnología. Así, la ciudad inteligente parte de diferentes subsistemas, que en conjunto forman la espina dorsal de la smart city. Están las smart grids, redes inteligentes que envían datos tanto desde el usuario al servidor como a la inversa; los sistemas de generación distribuida, que hacen que la electricidad se genere en diferentes puntos y también que se reciba de forma individualizada; los edificios inteligentes o smart buildings, que usan la domótica para ser más respetuosos con el medio ambiente; el smart metering, o la medición del gasto energética de forma individualizada y en tiempo real en contadores inteligentes; o las redes de sensores, que recopilan información en toda la ciudad en todo momento generando datos que ayudan a que las demás partes sean eficientes.

Los medios de transporte no solo se benefician de operar en ciudades inteligentes (lo que hace, por ejemplo, que se pueda regular mejor el tráfico), sino que también cambian para ajustarse al contexto que éstas imponen. La eMobility no es solo cuestión de usar la información o la tecnología, sino también de emplear otros medios de transporte mucho más acordes con la filosofía de las smart cities. Las ciudades inteligentes potencian el uso del vehículo eléctrico, con medidas que favorecen su implantación y con facilidades para la recarga.

En definitiva, la smart city usa la tecnología para beneficiar a sus habitantes y pone al ciudadano en el epicentro de su gestión. El smart citizen accede a los servicios de su ciudad, participa en ella y es una parte activa en su día a día.

Fuentes: Elaboración propia, Gartner, BusinessInsider, Gartner

Jesús Collantes EndesaEscrito por Jesús Collantes, Responsable de Proyectos Estratégicos de Endesa

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