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12 Enero 2021 • Medio Ambiente

Boris Johnson tiene un plan y es verde

El premier británico prepara un ambicioso plan verde para «competir» con la UE tras el Brexit y sacar a Reino Unido de la crisis post-pandemia.

 

  • El gobierno británico se compromete a cuadruplicar la energía eólica marina del país para 2030
  • El Partido Conservador baraja la reducción de entre el 65 y el 69% de las emisiones respecto a 1990 para 2030

Jose A. Cano

 

Boris Johnson tiene un plan, y si las crisis actuales –sanitaria y económica– lo permiten, es un plan lo suficientemente bueno como para lanzar una «carrera verde» entre las grandes potencias económicas para los próximos años. Es un plan «ecologista» más fruto de la necesidad que de la virtud, pero que ya ha anunciado que retirará los vehículos diesel o gasolina cinco años antes de lo previsto e incluso ha forzado a la UE a incrementar sus objetivos de reducción de emisiones.

El pasado 18 de noviembre, Johnson anunciaba un «plan de acción climático» basado en 10 puntos, uno de los cuáles destacaba por encima de los demás: la prohibición de la venta de motores de combustión para 2030, con subvenciones para coches eléctricos y financiación para puntos de recarga. Aunque la venta de algunos coches híbridos y furgonetas continuará hasta 2035, el año en que estaba prevista la medida, supone una revolución en cuanto a la transformación del parque automovilístico británico.

Los grupos ecologistas británicos, con Greenpeace a la cabeza, anunciaron este plan de acción que incluye cifras de inversión concretas y también objetivos cuantificables de transformación del consumo energético británico. Por ejemplo, mil millones de libras esterlinas este 2021 que comienza en fondos para aislar viviendas y edificios públicos, utilizando la subvención de hogares ecológicos existente y el esquema de descarbonización del sector público.

El gobierno británico se compromete a cuadruplicar la energía eólica marina del país para 2030, hasta los 40 GW, suficiente para alimentar todos los hogares del país; a impulsar la producción de hidrógeno con el objetivo de una ciudad completamente calentada por esta energía para finales de la actual década; o a invertir de 525 millones de libras esterlinas en nueva energía nuclear, basada en «la próxima generación de reactores pequeños y avanzados».

Por supuesto, estos objetivos tienen una parte práctica en cuanto a la mejora de la calidad de vida y del respeto al planeta, pero también un contrapeso económico obvio: Johnson ha planteado que Londres será «el centro global de las finanzas verdes» ante la reciente huida de grandes empresas a la vecina Holanda, por ejemplo, tras el Brexit. También obedece al «nuevo keynesianismo» que, con matices, ha tomado las instituciones públicas: la austeridad de la anterior crisis ya no sirve y el Estado debe gastar para ayudar a la recuperación tras la pandemia –y en el caso británico, el brexit–.

El paquete climático del premier también incluye medidas de apoyo a la ciencia, como la inversión de 200 millones de libras esterlinas en iniciativas de captura de carbono, que responden al cambio cultural de la pandemia. Y otras de «ecologismo» más directo y visible, como el objetivo de plantar 30.000 hectáreas de árboles cada año hasta 2030 o promover entre las administraciones el apoyo al transporte público, la bicicleta y la caminata –aunque este último es el punto que menos detalles concretos tiene desarrollado–.

 

«Carrera verde» en la geopolítica mundial

Estos meses atrás vimos como en muchos países de la UE el anuncio de los fondos de recuperación de la pandemia empujaban a empresas grandes y pequeñas a adaptar sus planes de negocio a las condiciones del mismo para poder captarlos. En plan verde de Johnson ya ha tenido respuesta por parte de los operadores del sector eléctrico de su país, anunciando su propio plan de diez puntos en apoyo al del Gobierno que incluirían el uso del exceso de energía eólica para producir hidrógeno, interconectores híbridos o la modernización de trenes precisamente de hidrógeno.

El Partido Conservador británico, además, calcula en 250.000 los empleos que pueden crearse gracias al plan de acción climática, y baraja un objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero entre el 65 y el 69% respecto a 1990 en el futuro 2030. Un objetivo que deja pequeño el incremento de la «ambición» de la UE en sus reducciones, del 40 al 55%, anunciado el pasado diciembre. Un acuerdo alcanzado con gran lentitud e incluso criticado desde los foros ecologistas por quedarse corto.

Reino Unido organizará la cumbre sobre cambio climático global COP26 en noviembre de este 2021 en Glasgow, Escocia. Aplazada tras la pandemia, los británicos quieren retomar su posición geoestratégica en solitario en el mundo por la vía de liderar la «revolución industrial verde». Parte del plan de Johnson, que anunció su programa tras las elecciones de EEUU, es utilizar su «acción verde» como una forma de mantener la relación transatlántica con el nuevo presidente, Joe Biden, que ya ha anunciado que quiere encabezar la lucha contra la crisis climática.