Casas robotizadas: el camino para mejorar la vida de las personas dependientes
10 Abril 2021 • Hogar

Casas robotizadas: el camino para mejorar la vida de las personas dependientes

  • Para alguien con problemas de movilidad, la automatización supone poder cocinar o limpiar de manera más rápida y eficiente.
  • Los sensores ayudan a personas con discapacidad motriz a encender las luces del baño al entrar por la noche.

Jose A. Cano

 

Ya vivimos rodeados de robots. Aunque no tengas una de las famosas roombas limpiando el suelo en casa o aún no le encargues la compra al frigorífico, el dispositivo desde el que lees estas líneas ya es prácticamente una inteligencia artificial. Desde luego, la tecnología supone un avance que va a facilitar muchas tareas domésticas, pero la revolución de la robótica integrada en el hogar va mucho más allá: puede ayudarnos a luchar contra la crisis climática o a mejorar decisivamente la vida de personas dependientes.

 

Alexa y otros asistentes virtuales, como Siri, Cortana o Bixby, llevan ya tiempo en nuestras vidas. Y, aunque aún no están completamente generalizados, especialmente en los coches, su ventaja es evidente: funcionan a través de instrucciones de voz. Cualquiera puede ordenar que le lleven la compra a casa sin levantarse de su sillón, por ejemplo. Su utilidad se hizo patente en muchos hogares durante el confinamiento, pero a quienes más beneficia esta tecnología es a las personas dependientes: quienes se lo pueden permitir, la conocen desde hace años. Y es que ni siquiera hace falta recordar un número de teléfono para poder llamar.

 

Pero lo que hace a la domótica más atractiva pasa por algo que de forma analógica ya llevan tiempo haciendo muchos mayores o, por ejemplo, invidentes, pero con ayuda de un robot: la automatización. Si las personas dependientes aprenden a colocar todo en el mismo lugar y guiarse por un sistema, una inteligencia artificial al mando de los electrodomésticos simplifica todo ese proceso. Lo que para otros es un lujo –programar el café a la temperatura que te gusta a determinada hora– para alguien con movilidad reducida se trata de poder cocinar o hacer la limpieza sin tardar el triple de horas.

 

Pero hay tecnología mucho más básica y cada vez más cerca de convertirse en cotidiana. Los sensores, por ejemplo, lejos de la ciencia-ficción, son ya parte importante de la domótica para muchas personas con discapacidad: permiten que se produzcan respuestas en forma de acciones. Por ejemplo, las luces pueden encenderse cuando alguien entra en una habitación, o pueden activarse en respuesta a la disminución de la luz natural. Para alguien con discapacidad motriz, pueden atajar una gran cantidad de tareas, como encender la luz del baño en medio de la noche o el aire acondicionado cuando la temperatura dentro de una casa alcanza los 27 grados.

 

Un uso básico y que ya es más que común es el del sensor detector de humo. Ya existe, por ejemplo, Indomotiv, con su aplicación correspondiente. Este, cuando suena la alarma, no solo emite una alerta sonora, sino que también dice a través del teléfono inteligente cuál es el problema –ya sea humo o concentraciones elevadas de CO– y qué alarma se activó. De la misma forma, los sensores de puerta y ventana son perfectos para personas con movilidad reducida, ya que permiten saber y monitorizar su apertura y cierre y controlarlas de forma instantánea. Gracias a su sensor de temperatura incorporado, también se puede controlar la temperatura en cualquier habitación de la casa.

 

La domótica es aún una técnica en progreso, aunque el potencial de la inteligencia artificial y la robótica actuales hablan de una inminente aplicación generalizada. Probablemente, presente problemas que aún no conocemos y que solo la práctica revelará. Los expertos advierten que la tecnología del hogar inteligente será útil solo si está diseñada para satisfacer las necesidades particulares de cada paciente. No obstante, esto puede crear ciertos problemas: muchas de las interfaces diseñadas para la automatización del hogar no están pensadas para prestar atención a limitaciones funcionales. En cualquier caso, será un salto lo suficientemente grande como para que las aplicaciones se permitan ir puliendo los futuros fallos y ayuden en un mundo futuro donde vidas más largas se correspondan también con vidas mejores.