Catherine L'Ecuyer
04 Septiembre 2018 • Sociedad y Personas

La importancia de la educación sensorial: Catherine L’Ecuyer en Gestionando Hijos

Catherine L’Ecuyer es investigadora divulgadora en el campo de la educación, está firmemente comprometida con el bienestar y el respeto de la infancia y de su naturaleza. En #GestionandoHijos habló así sobre los peligros de la sobreestimulación y nuestro papel como educadores frente a los elementos nocivos del entorno.

Según Isaac Newton, podemos imaginar cosas que son falsas, pero sólo podemos entender aquellas que son ciertas. ¿Por qué las podemos entender? Porque tienen “sentido”. Por otra parte, Bernardo de Claraval decía que es sabio “aquel que la realidad le sabe tal y como es. Es sabio porque es capaz de percibir los detalles los matices de la realidad, que quizás otros no son capaces de percibir. La sensibilidad es, por tanto, una especie de onda que permite al asombro sintonizar con la realidad. Es también lo que permite a nuestros hijos prestar atención plena.

Cuanto más rica en matices y en detalles sea esa realidad, más ricos serán esos pensamientos y es que, como decía Aristóteles: “no hay nada que exista en el intelecto que primero no haya entrado primero por los sentidos”.

Entonces, ¿cuál es el mayor obstáculo para el aprendizaje? ¿Qué es lo que desmonta el proceso de conectar a través de los sentidos, de percibir la realidad? En el 2018 sabemos que, si es verdad que la carencia de estímulos es un problema para el aprendizaje, la sobreestimulación es igual de perjudicial.

La sobreestimulación, enemiga del aprendizaje

En un estudio realizado en 2011 dieron bebidas gaseosas azucaradas a un grupo numeroso de personas durante un mes. Al cabo de ese mes se dieron cuenta de que esas personas tenían más dificultad para percibir el dulzor. Les parecía que los alimentos no eran tan dulces porque habían sido expuestos muchísima dosis de azúcar. Eso ocurre también cuando le damos alimentos azucarados a nuestros hijos, y es el motivo por el que a los niños les cuesta comerse una manzana, espinacas o garbanzos.

El gusto está sobreestimulado o estimulado artificialmente y esto baja la sensibilidad, sube el umbral de sentir. Ese niño necesita estímulos artificiales para poder llegar a percibir las cualidades de los alimentos.

En 2007 otro estudio demostraba que existe una relación entre el consumo de videojuegos violentos y la baja sensibilidad. En ese estudio las personas que habían sido consumidores de videojuegos violentos tenían más dificultad en reconocer una cara contenta, un rostro humano de alegría. La capacidad de percibir la alegría en un rostro requiere sensibilidad, empatía.

La capacidad de apreciar los matices en los estímulos refina la sensibilidad y multiplica el placer

- María Montessori

El efecto pantalla y la sensibilidad

También existen estudios que relacionan el consumo de pantalla de la infancia con la falta de atención. El llamado efecto pantalla asegura que una exposición prolongada cambios rápidos de imágenes durante los primeros años de vida condiciona la mente a niveles de estímulos más altos, lo que puede llevar a una falta de atención más adelante. De hecho, por cada hora diaria de consumo de pantalla antes de los 3 años, hay un 10% más de probabilidad de tener inatención con 7 años.

¿Sabías que se están rehaciendo muchos de los contenidos que veíamos de pequeños aumentando su velocidad? El niño se acostumbra a una velocidad que no existe en el mundo real, y luego todo le aburre, no captan la realidad lenta porque su sensibilidad no alcanza el umbral de sentir. Eso lleva a que no se sientan atraídos por nada, se aburren, se sienten apáticos, etc.

Parece un panorama desolador para padres y maestros que luchan contra esa mirada ausente y desmotivada, esas miradas inadaptadas a la realidad.

Hay dos caminos. El primero es el de la fascinación, usando metodologías con estímulos externos cada vez más rápidos para llenar el gap entre la sensibilidad y el umbral de sentir. Los niños se quedan hipnotizados porque les damos la dopamina que su cerebro adicto necesita, pero lo único que conseguimos es un parche y reforzar el círculo vicioso de la sobreestimulación.

 

Un camino alternativo

Hay otro camino, es muchísimo más largo y más complicado, pero ese camino permite dar marcha atrás a ese círculo vicioso. Consiste en llenar la vida de nuestros hijos con realidad, para que adapten a la velocidad real de la realidad. Tanto en casa como en las aulas, hemos de bajar el nivel de estrés, volver a los básicos.

¿Cómo se hace? No hay una fórmula mágica, cada uno debe aterrizarlo a su forma, pero estas son 5 ideas sobre las que trabajar:

  1. Volver a actividades lentas, que requieren paciencia como lectura, conversación, pesca, cocina. Volver a actividades en las que intervienen las 2 manos y los 5 sentidos
  2. Volver a entornos sobrios, pocas cosas y bellas. Menos juegos con baterías con botones y más material para tocar y descubrir. Es el niño el que se ha de poner en marcha, no el juguete.
  3. Volver al juego desestructurado, en el que los niños desarrollan unas funciones ejecutivas necesarias para el aprendizaje: memoria de trabajo, planificación, capacidad de inhibición, autocontrol.
  4. Hemos de conseguir que el mundo en 3 dimensiones sea más atractivo que el mundo en 2D de las pantallas planas. Es todo un reto, no hay fórmula mágica, pero empieza con nosotros, cuando pensamos que es mejor. Si ellos ven que lo sentimos así es más fácil trasmitirlo.
  5. Finalmente, aprender como educadores a ver las consecuencias que tienen elementos perjudiciales alrededor de nuestros hijos: ritmos audiovisuales, pornografía, hipersexualización, el exceso de azúcar, etc. Busquemos equilibrar silencios, palabras imágenes y sentidos.

 

Gestionando hijos tiene como objetivo contribuir a colaborar con madres y padres en su labor educativa. Somos un equipo de personas que quiere dedicar el resto de su vida a mejorar el nivel de la sociedad educativa. Uno de los pilares fundamentales de una buena sociedad educativa son las madres y padres que lideran los hogares y la educación de sus hijos.