Cómo un retrete puede salvar vidas (y al medio ambiente)
06 Abril 2021 • Hogar

Cómo un retrete puede salvar vidas (y al medio ambiente)

  • 6 de cada 10 personas carecen de acceso a un saneamiento seguro y al menos 892 millones continúan la práctica insalubre de defecar al aire libre.
  • Las aguas residuales de los inodoros contienen nutrientes valiosos que se pueden reutilizar como recurso sostenible en actividades agrícolas.

 

Por Manuela Sanoja

 

En casa, en la oficina, en restaurantes o bares a los que vamos a comer algo… los usamos cada día y apenas reparamos en ello. Hablamos de los retretes: un bien tan básico y necesario que parece difícil imaginar la vida sin ellos y, sin embargo, gran parte de la población mundial no tiene uno. Según datos de Naciones Unidas, 6 de cada 10 personas carecen de acceso a instalaciones de saneamiento gestionadas de forma segura y al menos 892 millones de personas continúan la práctica insalubre de defecar al aire libre. Unas condiciones que conducen a una vida mucho más peligrosa y que, además, perjudican al medio ambiente. Así es, los inodoros salvan vidas y también al planeta.

 

Empecemos por la cuestión sanitaria: si algo hemos aprendido a lo largo de este último año es la importancia que tiene la higiene para salvar vidas. Nos lo han repetido hasta la saciedad. Además de la mascarilla y la distancia social, lavarse las manos constantemente es una de las medidas más eficaces contra el contagio del coronavirus. Lo mismo ocurre con otra gran cantidad de enfermedades. Y para una higiene adecuada es necesario disponer de agua limpia. De lo contrario, el problema puede ir a peor. Y aquí es donde los inodoros cumplen un papel fundamental: «Unas instalaciones adecuadas de baños y letrinas promueven la salud porque permiten a las personas eliminar sus desechos de manera adecuada», explican desde los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.

 

Lo contrario tiene como consecuencia un ambiente contaminado por los desechos humanos, que llegan a la tierra donde se cultivan alimentos y al agua que beben las personas. El resultado final es un aumento de la propagación de enfermedades que pueden derivar en la muerte. Los datos son espeluznantes. Por poner un ejemplo, las enfermedades diarreicas, derivadas en la mayor parte de casos de la falta de higiene, matan cada año a 297.000 niños y niñas menores de cinco años, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Tal es su importancia para una higiene adecuada, mantener el agua limpia (y potable) y no desperdiciar agua de más, que los retretes son uno de los grandes protagonistas de uno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030. Para ser más concretos, el sexto, que se refiere al agua limpia y a la salubridad. Para conseguirlo será necesaria la instalación de «inodoros que capturen de manera efectiva los desechos humanos en un entorno seguro, accesible y digno».

 

Esa recolección segura de desechos sirve para mucho más que mantener una higiene adecuada. Y es que las aguas residuales de los inodoros contienen nutrientes valiosos que se pueden reutilizar de diversas maneras. La ONU lo aclara: «Los sistemas de saneamiento sostenible también reutilizan los desechos para impulsar la agricultura de manera segura y reducir y capturar las emisiones para obtener energía más ecológica».

 

Quién iba a decir que un retrete tenía tal poder para salvar el mundo. Sin embargo, conociendo su importancia, cobra mucho sentido que esta pieza de baño tenga un día internacional que lo celebre (cada 19 de noviembre). Y es que algo que para unos forma parte de esas rutinas diarias que se llevan a cabo de manera absolutamente mecánica, para muchos más es una cuestión que marca la diferencia entre la vida y la muerte.