Mónica Mendoza
08 Mayo 2018 • Sociedad y Personas

Cómo comunicarnos con nuestros hijos para convencer

Existen maneras de comunicarnos con los hijos que consigamos mayor impacto en nuestro poder de persuasión e influencia.

Un primer paso es no juzgar a nuestro hijo cuando habla o hacerle partícipe del tema que estás hablando con él y que no te gusta. Imaginemos, por ejemplo, que creemos que nuestro hijo ha comenzado a fumar. Una buena forma de comenzar la conversación sería algo como: "Marc, hay chicos de tu edad que fuman, ¿a ti qué te parece esto?”, aunque en realidad lo que nos apetece decirle, con mirada incriminatoria sea “Marc, ¿tú no fumarás, verdad?”

Por otra parte, existen una serie de palabras que tienen mas impacto que otras a la hora de transmitir el mensaje. Hay que saber cuáles son porque el tiempo en el cual podremos retener la atención de nuestro hijo no suele ser muy elevado. Yo soy profesora en varias universidades y escuelas de negocios y mis alumnos toman apuntes directamente en el ordenador porque van mas rápido que a mano y como hay wifi, tienen internet, el Facebook abierto, páginas de redes sociales, WhatsApp...¡de todo!

Que te presenten atención los alumnos hoy en día es mas difícil que antes. Aunque tengan un cerebro multi-task, los estudios científicos demuestran que el grado de atención disminuye, al tener que dispersar la atención en mas tareas (estímulos).

Visualizando los beneficios

Para poder convencer mejor es necesario saber que el cerebro de cualquier persona antes de tomar una decisión sopesa los costes (psicológicos, económicos, físicos, etc.) versus los beneficios que ésta acción le va a llevar. Hacemos una “resta” en milisegundos (qué me cuesta y qué obtengo a cambio).

Para poder convencer a nuestros hijos tenemos que formularle la idea de manera que los beneficios percibidos sean superiores a los costes percibidos por realizar esa tarea. Vamos a verlo también con un ejemplo… conmigo misma.

Quiero adelgazar, pero me encanta comer. De hecho, me encanta comer todo lo que engorda. No hago dieta porque los beneficios percibidos son inferiores a los costes psicológicos que me supone pedirme ensalada en vez de hamburguesa de buey con cebolla caramelizada y patatas fritas. Sufro si cambio mi deliciosa hamburguesa por un plato de verdura o de ensalada. Sin embargo, si yo visualizara que los beneficios de hacer dieta son enormes, ¡quizás me compensaría! :-)

En todo caso siempre hablamos de beneficios percibidos, (no los reales) y los costes percibidos. Aquí los padres tenemos el reto de cambiar esa percepción para que la resta salga en positivo.

Empatizando con su realidad

Tenemos que empatizar más con la realidad del niño. Su realidad es muy diferente a la nuestra cuando teníamos su edad. En una sociedad tan tecnológica y cambiante, los conocimientos y habilidades de adaptación al medio a veces no son los que nosotros necesitamos en el pasado para adaptarnos al nuestro.

Sin embargo, intentamos que adquieran los esquemas de aprendizaje que en nuestra época nos sirvieron, justamente por eso, porque en su momento nos sirvieron. Algunos patrones servirán pero otros no, y tendrán que ser sustituidos por otros aprendizajes que actualmente quizás como padres no estemos preparados a proporcionar.

Para la tarea mas importante que hacemos en la vida personal, ser padres, no tenemos formación.

Formarse para educar mejor

Reflexionemos sobre un tema muy importante: para poder hacer una casa hay que formarse como arquitecto. Para trabajar en una fábrica también tienes que formarte. Para cualquier trabajo hoy en día se necesita una previa preparación. Y, sin embargo, para lo mas importante que hacemos en la vida personal, ser padres, no tenemos formación.

¿Cómo educar? La educación lo es todo, es formar niños que luego serán adultos inteligentes, sensibles, que respetarán al otro, que tendrán sentido de la autocrítica y por tanto será mas difícil que sean engañados, que vivirán mas momentos de felicidad porque les habremos enseñado a automotivarse y ser tolerantes a la frustración, pero ¿¿¿quién nos enseña a enseñar todo esto???

Mónica Mendoza es licenciada en psicología por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), ha realizado un máster en Dirección Comercial por EADA y un Programa de Crecimiento de Empresas por el IESE. Es autora de los libros: “Lo que no te cuentan en los libros de ventas” (Ed. Alienta Grupo Planeta) y “Píldoras de Motivación para Comerciales y emprendedores” (Ed. Alienta Grupo Planeta). Es asesora de ventas de la patronal Cecot, profesora de Marketing de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), de EAE Business School y del Colegio de Agentes Comerciales de Barcelona. Forma parte del Consejo Asesor de la Asociación Española de Formación Online (AEFOL), y es miembro del Círculo de Mujeres de Negocios.

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