El precio oculto del agua que consumimos
22 Marzo 2021 • Medio Ambiente

El precio oculto del agua que consumimos

 

  • La OMS asegura que en 2025 la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua
  • Comprar una camiseta de algodón que pese 100 gramos supone un consumo de 100 litros de agua.

Por Alejandra Espino del Rio

 

El agua está presente en nuestro día a día de manera constante, ya sea de forma directa o indirecta (a través de los productos que consumimos). La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que una persona debe usar un promedio de 100 litros de agua al día para tener atendidas todas sus necesidades, tanto de higiene como de consumo. Sin embargo, el acceso a agua en condiciones de salubridad no está garantizado para todas las personas por igual. 844 millones de personas carecen incluso de un servicio básico de suministro de agua potable y, de aquí a 2025, la mitad de la población mundial vivirá en zonas con escasez de agua, asegura la institución internacional. Al difícil acceso, motivado en parte por la escasez mundial de agua dulce y por la falta de infraestructuras, se suma el efecto del cambio climático: la OMS calcula que al menos una de cada cuatro personas se verá afectada por escasez recurrente de agua para 2050 por el aumento de las sequías y la desertificación.

Con los datos en la mano, hacer un consumo responsable del agua se hace cada vez más necesario. Lo más importante es entender que el agua que consumimos no se limita a los litros que bebemos al día o que empleamos en ducharnos o lavar los platos. El consumo de agua, ya sea de una persona individual, de un producto en concreto o de un país, se mide con la huella hídrica. Esta es «la cantidad de agua utilizada para producir cada uno de los bienes y servicios que utilizamos», explica The Water Footprint Network. El concepto, introducido en 2002 por profesor Arjen Y. Hoekstra, sirve para ver de manera rápida y muy gráfica la cantidad de agua dulce que se necesita para producir un bien teniendo en cuenta todos los factores implicados en la cadena de producción.

España, a pesar de ser uno de los países más secos de Europa, es de los que mayor huella hídrica tiene, con un consumo total de 72 billones de litros de agua al año. O, lo que es lo mismo, un consumo diario por persona de alrededor de 4.000 litros, según los últimos datos de The Water Footprint Network. ¿Implica esto que cada ciudadano español gasta esta gran cantidad de agua a lo largo de su rutina diaria? No y sí. Una persona no gasta esta cantidad de manera directa (bebiendo, duchándose o haciendo las tareas del hogar), pero sí lo hace de manera indirecta a través de los productos que consume. Por ejemplo, para obtener un kilo de algodón apto para la industria textil se necesita una media de 10.000 litros de agua, lo que supone que al comprar una camiseta de algodón que pese 100 gramos ya se están consumiendo 100 litros de agua.

Además de la cantidad de agua necesaria para producir cualquier producto, hay que tener en cuenta las emisiones de CO2 asociadas a su producción y distribución. Según el estudio Environmental Impact Assessment of Household Consumption realizado por la Norwegian University of Science and Technology, «los consumidores son responsables de más del 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero del planeta y de hasta el 80% del uso del agua en el mundo». Cuatro quintas partes de estas emisiones, señala el estudio, no se deben a impactos directos, como el combustible de los coches al desplazarse, sino a los impactos secundarios. Es decir, a lo efectos ambientales de la producción.

El agua siempre ha sido un bien escaso. Pero las crecientes sequías provocadas por el cambio climático y la globalización, que provoca que un simple gesto tenga impacto en la otra punta del mundo, urgen a tomar conciencia de la cantidad de agua que hay detrás de los productos, así como de los efectos de gases de efecto invernadero derivados de esos bienes. El ODS 6: Agua limpia y saneamiento busca garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, un objetivo fundamental para «poner fin a la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas gocen de paz y prosperidad para 2030». Aunque la mayoría de las acciones para hacer un uso responsable del agua deben recaer en la industria y en las instituciones –por su peso en su uso–, los ciudadanos también pueden contribuir siendo conscientes de que tras sus compras hay grandes cantidades asociadas de agua y CO2 que podrían reducirse con un consumo diferente.