Gestos que puedes hacer tú por el planeta
21 Abril 2021 • Medio Ambiente

Gestos que puedes hacer tú por el planeta

 

  • Protegemos el planeta cuando apostamos por el comercio local, la trazabilidad de los alimentos o el consumo de productos reciclados.
  • A través del asociacionismo o la participación en ONG, se puede hacer más fuerza para poner en marcha iniciativas en favor del planeta.

Por Ramón Oliver

 

La mayoría de las grandes transformaciones de la historia se han producido a raíz de las decisiones y acciones de los dirigentes del momento. Sin embargo, la mayoría de las veces, sin la implicación de la ciudadanía los cambios de paradigma no terminan de materializarse. En la actualidad, corremos el riesgo de perder la oportunidad de hacer frente a la que debería ser la gran preocupación de la humanidad: la emergencia climática.  Y si bien gobiernos y empresas –ya sea con medidas para frenar el uso de combustibles fósiles o a través de negocios responsables que favorezcan la reconstrucción medioambiental– tienen la responsabilidad de liderar la transición ecológica, los ciudadanos también podemos contribuir al cambio. Como posiblemente habría dicho John Fitzgerald Kennedy si le hubiera tocado vivir en esta época: no te preguntes qué puede hacer tu planeta por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu planeta. Y he aquí unos pocos gestos sencillos con los que podemos ayudar desde nuestra esfera individual a sacar adelante este espléndido proyecto común llamado Tierra.

 

Agua. El agua es la base de la vida. Cuidarla y administrarla con mesura es esencial. Y eso aplica tanto en nuestro propio hogar, cerrando grifos, llenando lavadoras o cambiando baños por duchas, como en nuestra condición de excursionistas o turistas responsables, asegurándonos de que nuestro paso por lagos, ríos, estanques o mares no deja huella en forma de residuos contaminantes.

 

Energía. Hacer un uso sostenible de la energía también es un gesto a nuestro alcance que ofrece enormes beneficios. Algo tan sencillo como apagar las luces, escoger bombillas de bajo consumo o no abusar de la calefacción puede suponer mucho. Al igual que escoger, en la medida de lo posible, opciones de suministro renovables.

 

Movilidad. Descarbonizar la economía pasa en gran medida por cortar la tiránica dependencia que seguimos teniendo de los combustibles fósiles en el transporte. Desgraciadamente, adquirir un vehículo eléctrico todavía no está al alcance de todos los bolsillos, pero sí lo está apostar por el transporte público o las nuevas soluciones de movilidad compartida y sostenible en las ciudades. Ah, y por caminar.

 

Reciclaje. Hacer un tratamiento adecuado de los residuos que producimos, utilizando bien los distintos cubos y cuidando especialmente el depósito de plásticos, pilas, vidrio o restos orgánicos ayuda a mantener nuestras calles y ciudades más limpias y saludables.

 

Circularidad. El consumo desmedido, la obsolescencia programada o la generación descontrolada de desperdicios son enfermedades crónicas a las que los ciudadanos podemos contribuir a poner remedio. Lo hacemos cada vez que apostamos por el comercio local, la trazabilidad de los alimentos, el consumo de productos reciclados o alargamos la vida útil de nuestros bienes. En definitiva, impulsando la economía circular.

 

Papel. Parece un acto inofensivo, pero escribir una nota en folio en lugar de hacerlo en una tablet o dispositivo electrónico puede marcar una gran diferencia. El abuso del papel en oficinas y en el hogar es una sangría para nuestros bosques. Tratar de minimizar su uso, aprovechando las oportunidades que nos brinda la tecnología, ayuda a descongestionar ese pulmón verde que mantiene vivo al planeta

 

Biodiversidad. Cuidar la gran riqueza de este mundo, su inigualable flora y fauna, sus bosques y océanos, no solo es una obligación moral, es de sentido común. Nos va mucho en juego. Con miles de especies en peligro de extinción y sus hábitats naturales cada vez más reducidos y amenazados por la actividad humana, poner nuestro granito de arena para no convertirnos en intrusos dentro de nuestro propio planeta es fundamental. Una buena forma de hacerlo es disfrutar del turismo responsable y sostenible, priorizar alojamientos de bajo impacto ecológico, visitar parques nacionales o espacios para la conservación de animales, recoger todos los desechos que generemos en la naturaleza y alterar lo menos posible los ecosistemas que visitemos.

 

Colaboración. Dentro de nuestra parcela individual también se encuentra la posibilidad de buscar alianzas y sinergias con otros habitantes de este planeta que compartan nuestra preocupación por su supervivencia. A través del asociacionismo, la participación en ONG, grupos de presión o iniciativas conjuntas, se puede hacer más fuerza para poner en marcha iniciativas en favor del planeta o influir en los políticos para asegurarnos que cumplen con sus obligaciones en materia social y medioambiental.  

 

Educar. Por medio de nuestro ejemplo también es posible sensibilizar de que quedarse de brazos cruzados es una irresponsabilidad que no nos podemos permitir. Debemos educar y convencer a nuestros hijos, familiares, amigos, vecinos o compañeros de trabajo de la importancia de proteger la naturaleza y actuar –aunque sea en pequeña medida– en consecuencia. Tanto desde la comodidad de nuestros hogares como desde la cotidianidad del entorno exterior, se puede dar un paso al frente en la defensa del planeta, porque es el único que tenemos.

 •	Protegemos el planeta cuando apostamos por el comercio local, la trazabilidad de los alimentos o el consumo de productos reciclados. •	A través del asociacionismo o la participación en ONG, se puede hacer más fuerza para poner en marcha iniciativas en favor del planeta.  TEXTO  Por Ramón Oliver  La mayoría de las grandes transformaciones de la historia se han producido a raíz de las decisiones y acciones de los dirigentes del momento. Sin embargo, la mayoría de las veces, sin la implicación de la ciudadanía los cambios de paradigma no terminan de materializarse. En la actualidad, corremos el riesgo de perder la oportunidad de hacer frente a la que debería ser la gran preocupación de la humanidad: la emergencia climática.  Y si bien gobiernos y empresas –ya sea con medidas para frenar el uso de combustibles fósiles o a través de negocios responsables que favorezcan la reconstrucción medioambiental– tienen la responsabilidad de liderar la transición ecológica, los ciudadanos también podemos contribuir al cambio. Como posiblemente habría dicho John Fitzgerald Kennedy si le hubiera tocado vivir en esta época: no te preguntes qué puede hacer tu planeta por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu planeta. Y he aquí unos pocos gestos sencillos con los que podemos ayudar desde nuestra esfera individual a sacar adelante este espléndido proyecto común llamado Tierra.   Agua. El agua es la base de la vida. Cuidarla y administrarla con mesura es esencial. Y eso aplica tanto en nuestro propio hogar, cerrando grifos, llenando lavadoras o cambiando baños por duchas, como en nuestra condición de excursionistas o turistas responsables, asegurándonos de que nuestro paso por lagos, ríos, estanques o mares no deja huella en forma de residuos contaminantes.   Energía. Hacer un uso sostenible de la energía también es un gesto a nuestro alcance que ofrece enormes beneficios. Algo tan sencillo como apagar las luces, escoger bombillas de bajo consumo o no abusar de la calefacción puede suponer mucho. Al igual que escoger, en la medi