La dieta que cuida el planeta (y tu salud)
09 Febrero 2021 • Medio Ambiente

La dieta que cuida el planeta (y tu salud)

 

  • Al comprar productos locales y de temporada se contribuye a la salud del planeta, de las personas y de la economía local.
  • La dieta debería estar formada por un 50% de frutas y verduras, un 20% de granos y legumbres y un 30% de lácteos, carne o pescado y frutos secos.

Por Carmen Gómez-Cotta

 

¿Cuánto pueden llegar a contribuir a la sostenibilidad del planeta acciones tan pequeñas y cotidianas como la elección de los productos que comemos? La respuesta: más de lo que solemos pensar. En las últimas décadas, el consumo desmesurado de carne y la rampante agricultura extensiva, que utiliza químicos y fertilizantes nocivos para el medio ambiente, han generado un aumento tanto en las emisiones de CO2 como en el peso y enfermedades cardiovasculares de una buena parte de la población a nivel mundial.

En 2050 seremos casi 10.000 millones de habitantes sobre la faz de la Tierra. Si queremos garantizar la seguridad alimentaria es necesario poner en marcha transformaciones no solo en el sistema de alimentario, sino también en nuestros propios hábitos de consumo. Pero ¿cómo podemos llevar una dieta saludable que nos beneficie en primera persona mientras contribuimos a la sostenibilidad del planeta? En enero de 2019, la revista científica The Lancet publicaba un primer acercamiento a esta idea: la dieta planetaria, basada en una reducción a la mitad del consumo de carne roja y azúcar y en un aumento de frutas, verduras, granos y frutos secos. Llevando este tipo de dieta, se podrían llegar a prevenir 11,6 millones de muertes prematuras, además de proteger la salud del planeta.

Para que nuestra forma de comer sea más sostenible, se puede empezar por comprar productos locales y de temporada. Esta es una de las principales maneras de contribuir tanto a la salud del planeta como a la de las personas, además de fomentar la economía local. Conviene también consumir alimentos que sean ecológicos: al utilizar menos fertilizantes y pesticidas, su producción es mejor para el medio ambiente y el organismo de los individuos.

Como consumidores, generar menos desperdicio de alimentos es clave. Para ello, es fundamental aprender a comprar y preparar comidas de forma inteligente. Para lograrlo, una buena idea es elaborar menús semanales y hacer la compra con una lista determinada, evitando compras que realmente no se necesitan y que terminarán olvidadas en el fondo de la despensa o la nevera. En esta línea, colocar estos espacios según fechas de caducidad es un truco que siempre funciona: los menos perecederos al fondo y los que antes caducan en primera fila.

A la hora de elaborar las comidas, conviene tener en cuenta que el diseño de nuestra dieta debería rondar las 2.000 calorías diarias –aunque esto dependerá de la edad, el peso y la actividad física de cada persona–. La mitad de esta deberían ser frutas y verduras, un 20% granos y legumbres, y el 30% restante lácteos, carne o pescado y frutos secos.

«La respuesta está en la conexión que como personas tenemos con la naturaleza», ha afirmado en varias ocasiones Richard Horton, editor jefe de The Lancet. «Si podemos aprender a comer de una forma que beneficie al planeta a la vez que a nuestros cuerpos, podremos restablecer el equilibrio de los recursos planetarios», explica. Probablemente, incluso podamos corregir el hecho de que 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo, mientras alrededor de 2.000 millones comen demasiados alimentos inadecuados.

Para que esto funcione, nuestras acciones individuales deben ir respaldadas de políticas activas que promuevan y faciliten el cambio, dentro del marco de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Porque, como la propia ONU reconoce, la transformación de los sistemas alimentarios mundiales debe poner fin al hambre y a la escasez de malnutrición (ODS 2), pero de forma en la que, al mismo tiempo, aborde la escasez de agua (ODS 6), mejore la mitigación de los efectos del clima (ODS 13) y proteja la vida submarina y la de los ecosistemas terrestres (ODS 14 y 15). Solo así construiremos un futuro sostenible para todos.