Las ciudades costeras ante la emergencia climática
16 Abril 2021 • Medio Ambiente

Las ciudades costeras ante la emergencia climática

  • «Algunas urbes ya están implementando medidas, como grandes infraestructuras de retención de agua o cambios de uso del suelo».
  • «En Europa, los activos económicos a menos de 500 metros del mar tienen un valor estimado de entre 500.000 millones y 1 billón de euros».

Por Marta Olazabal, investigadora del Basque Centre for Climate Change (BC3)

 

La costa ha sido históricamente un lugar predilecto para la ubicación de comunidades y pueblos que más tarde se han convertido en grandes metrópolis mundiales. Globalmente, un 40% de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de la costa y un 10% a menos de 10 metros sobre el nivel del mar. Muchas de las infraestructuras críticas y básicas para el desarrollo social y económico, como las plantas de producción energética o las infraestructuras de transporte (puertos y aeropuertos) se sitúan cerca de la costa. También buena parte de los recursos turísticos se ubican en el litoral. De hecho, aproximadamente el 50% del turismo internacional se desarrolla en zonas costeras, y en algunos países en desarrollo, este puede llegar incluso a representar más del 25% del PIB. Además, los ecosistemas en estas áreas almacenan buena parte de la biodiversidad mundial, protegen los litorales de la erosión y absorben mucho más carbono que sus homólogos terrestres. En Europa, los activos económicos a menos de 500 metros del mar tienen un valor estimado de entre 500.000 millones y 1 billón de euros, y el gasto público europeo para proteger las costas del riesgo de erosión e inundaciones es más de 5.000 millones de euros anuales.

Las costas son áreas de gran valor, pero también están altamente expuestas. No sorprende entonces que el cambio climático sea una amenaza especialmente importante y urgente para las ciudades costeras. La subida del nivel del mar y los eventos extremos (oleajes, vendavales o inundaciones) constan entre las principales amenazas, pero no son las únicas. El aumento de las temperaturas extremas y los eventos que las acompañan (olas de calor y de frío) ya están siendo un gran problema en las ciudades de costa, que se agrava con condiciones de vulnerabilidad social, inhabitabilidad y pobreza energética.

Aunque estudios recientes indican que adaptarse no es aún una prioridad en las agendas de las grandes metrópolis, ciudades como Barcelona, Londres, Rotterdam, Nueva York o Ciudad del Cabo están ya lanzando estrategias de adaptación a los impactos presentes y futuros del cambio climático. Lo hacen mediante grandes infraestructuras de retención de agua, cambios de uso del suelo e incremento de la infraestructura verde para el aumento del confort térmico y de la capacidad de absorción de agua. También están promoviendo cambios en el diseño urbano y en las regulaciones municipales, las campañas sociales de concienciación, participación y educación, e incentivando la acción privada mediante, por ejemplo, ayudas económicas para el aislamiento y adecuación de las viviendas. La revisión y actualización de planes de emergencia ante eventos extremos es esencial no solo para alertar sobre inundaciones, vendavales o tormentas, sino también para las olas de calor y de frío: se ha probado que los sistemas de alerta son el medio más efectivo para la protección de la población durante estos fenómenos.

Estos son solo algunos ejemplos de las medidas más populares que se han observado. Las barreras móviles del Támesis y el Hull en Londres y la nueva barrera de Venecia, por ejemplo, han probado ser efectivas –hasta el momento– durante los eventos de inundaciones y mareas altas. Para combatir la sequía y la escasez de agua, en Ciudad del Cabo se han propuesto soluciones grises como plantas desalinizadoras e infraestructuras de reciclaje de agua. Pero también otras basadas en la naturaleza para conservar y gestionar el agua río arriba. Esta también es una de las banderas en Nueva York, Alicante o Copenhague, donde se han diseñado zonas verdes con funciones de retención y descarga de agua, regulación de la temperatura y recreo. En Barcelona o Vitoria-Gasteiz se han diseñado estrategias para la conservación y protección de los ecosistemas y la biodiversidad y para conectar las áreas verdes urbanas en las zonas más vulnerables de la ciudad.

Aunque tanto a nivel estatal como mundial existen muchos ejemplos ilustrativos de cómo las ciudades se pueden preparar para los impactos climáticos, queda mucho por hacer. Responder a la emergencia climática requiere una transformación social, un cambio en las formas de hacer, de pensar y de concebir el modelo urbano y nuestro modo de vida en la ciudad. En definitiva, un cambio de paradigma que demanda una reconsideración de prioridades y un trabajo conjunto entre comunidades locales, autoridades municipales, regionales y estatales, y otros agentes públicos y privados.