Las finanzas que nuestro planeta necesita
18 Febrero 2021 • Sociedad y Personas

Las finanzas que nuestro planeta necesita

  • «Nuestro activo se está contrayendo a pasos agigantados: la economía global consume recursos naturales que equivalen a 1,8 planetas».
  • «Debemos emprender una agenda de transformación de sistemas a una escala nunca vista».

Por Jaime Silos, director de Desarrollo Corporativo de Forética

 

A ojos de un lego en su disciplina, el financiero tiene una visión reduccionista del mundo. Todo lo que ve y valora se clasifica en activos o pasivos. El objetivo de todo inversor es maximizar el valor de los primeros y minimizar el valor de los segundos, para alcanzar la máxima rentabilidad disponible. ¡Y atención! Porque el orden de los factores, aquí es importante. Cuando el valor presente de los activos es inferior al de los pasivos, la inversión se declara en bancarrota y el inversor pierde su capital. Pero ¿y si utilizáramos el análisis financiero para valorar no ya un proyecto, sino a nuestro propio planeta? Es posible que más de uno se llevara las manos a la cabeza al saber que su valor neto se aproxima peligrosamente a cero. Veamos por qué.

Nuestro planeta es nuestro activo subyacente último. Es subyacente porque todo lo que nos rodea está soportado por el mismo. Es último porque si no hay planeta, no hay sociedad, y sin ella no hay mercado ni economía. Por otro lado, está el pasivo. Aplicando la misma lógica financiera, podemos considerar pasivo a todas aquellas necesidades que requieren de los recursos que la Tierra genera para ser satisfechas. Solamente las humanas –la vida, la salud, el alimento y la legítima búsqueda del bienestar de 7.800 millones de personas que hoy la habitan– suponen un pasivo gigante, incluso para nuestro planeta.

Si hiciéramos balance del equilibrio entre activo y pasivo, cualquier inversor se daría cuenta de que, pese a la aparente calma, nuestra solvencia se encuentra en creciente deterioro. Por el lado del debe, nuestro activo se está contrayendo a pasos agigantados. En estos momentos, la economía global consume recursos naturales que equivalen a 1,8 planetas, es decir, casi el doble de lo que la Tierra puede regenerar cada año. La crisis climática, por su parte, está ganando pendiente y cada vez son más visibles sus efectos como fenómenos meteorológicos extremos, incendios, sequías y deshielos. La emergencia de nuevas pandemias –teorías conspirativas aparte– guarda una estrecha relación con la pérdida de biodiversidad y la destrucción de hábitats, lo que facilita el salto de patógenos entre especies. Por el lado del haber, el pasivo crece de manera exponencial. Durante la próxima década, duplicaremos el número de personas que se encuentra dentro del umbral de la clase media: ¡3.000 millones de consumidores ricos! La expansión demográfica nos hará llegar a los 11.000 millones de habitantes a finales de este siglo. Y, por supuesto, las desigualdades, agravadas tras dos crisis sistémicas en poco más de una década, ponen una mayor presión sobre los recursos e incrementan la inestabilidad política y el populismo. Por lo tanto, de seguir esta tendencia, pronto el pasivo será superior al activo y nuestro planeta quebrará.

Sin embargo, aún estamos a tiempo de tomar decisiones para garantizar la continuidad del negocio terrícola. Para ello, debemos emprender una agenda de transformación de sistemas a una escala nunca vista. La transición de nuestro mix energético, una mayor eficiencia y bienestar en las ciudades, la reducción de las desigualdades, la recuperación del capital natural o el desarrollo de la economía circular representan los cinco grandes cambios que debemos alcanzar durante las dos próximas décadas para alcanzar un desarrollo verdaderamente sostenible. Todo esto pasa por desplegar cantidades ingentes de recursos financieros, tanto públicos como privados. Solo para alcanzar el primero de ellos hace falta invertir el equivalente a 86 veces el PIB de España. Es decir, el trabajo de toda una generación.

Pero permítanme cerrar este artículo con una nota de prudente optimismo: la comunidad inversora ha empezado a responder a esta llamada. Las emisiones de instrumentos sostenibles baten récords cada año, Gobiernos y reguladores están creando un marco de incentivos para canalizar el capital hacia proyectos de impacto sostenible. Además, los índices de sostenibilidad han batido a sus homólogos convencionales en rentabilidad de manera sistemática durante los últimos trece años. ¿Acaso hay una inversión mejor que nuestro planeta? Bienvenidos a la era de las finanzas sostenibles.