«Las soluciones basadas en la naturaleza conllevan beneficios ambientales, pero también sociales y económicos»
26 Marzo 2021 • Sociedad y Personas

«Las soluciones basadas en la naturaleza conllevan beneficios ambientales, pero también sociales y económicos»

  • «Hemos sometido a los ecosistemas a una presión que sobrepasa su capacidad de regeneración natural».
  • «La colaboración entre el sector público-privado en materia de conservación de la biodiversidad es fundamental para avanzar en la transición ecológica».
  • «El cambio cultural es clave para acompañar las reformas estructurales que deben conducir a un modelo de prosperidad respetuoso con la naturaleza».

Por Nacho Hernández

El cambio climático ha irrumpido en la naturaleza alterando su frágil equilibrio. La distorsión ambiental, más allá de sus consecuencias directas, acciona pequeños cambios en cadena que modifican las condiciones de la naturaleza. En un afán por adaptarse y sobrevivir, las plantas y animales del planeta empiezan a alterar sus dinámicas y conductas, en muchos casos, sin éxito. La directora de la Fundación Biodiversidad, Elena Pita, desgrana este complejo fenómeno con la mirada puesta en la esperanza de construir un futuro en el que la restauración de los ecosistemas contribuya a mejorar tanto la salud ambiental como la social y la económica.

Según el informe planeta vivo de WWF, las poblaciones de vida silvestre han disminuido un 68% desde 1970. ¿Qué factores hay detrás de esta rápida destrucción de biodiversidad?

Según la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES), la pérdida de biodiversidad la causan factores directos e indirectos. Los primeros son la emergencia climática, el cambio de usos de la tierra, la contaminación, la sobreexplotación y las especies invasoras. Estos factores directos son resultado de otros indirectos, como el crecimiento de la población y la expansión de la economía mundial. La pérdida de biodiversidad implica una pérdida de los beneficios que nos proporciona la naturaleza. Estos incluyen bienes y servicios de tipo material, como la provisión de alimentos, agua dulce o energía; procesos como la depuración del agua, la regulación climática o la polinización; y otras conexiones con la naturaleza –menos tangibles, pero altamente valoradas– que definen nuestra identidad, cultura y creencias.

La pandemia de la covid-19 nos ha permitido ver lo vulnerables que somos las sociedades modernas y sus economías, y la falta de preparación que tenemos ante las grandes convulsiones. A través de un modelo de producción y consumo que no ha tenido en cuenta los límites del planeta, hemos sometido a los ecosistemas a una presión que sobrepasa su capacidad de regeneración natural, con la consiguiente pérdida de servicios ecosistémicos, lo que a su vez tiene importantes efectos económicos y sociales. Tenemos que contribuir a revertir este proceso urgentemente y ayudar a construir un nuevo modelo de prosperidad, sostenible, descarbonizado e inclusivo.

¿Cómo se puede frenar esta acelerada degradación de la biosfera?

Frenar la pérdida de biodiversidad requiere abordar el problema en toda su complejidad, adoptando medidas en varios frentes a la vez: ninguna es suficiente por sí sola, tal como indica un informe reciente de la Convención sobre Diversidad Biológica. Además, hay que acompañarlas con nuevos modelos de producción sostenible y con una disminución del consumo. Esto implica no solo un cambio estructural de nuestro modelo de producción, sino también uno cultural y de mentalidad de la sociedad en general. La buena noticia es que existen compromisos y estrategias y están en marcha transformaciones importantes, tanto en materia de concienciación social y política como en áreas clave de la economía mundial. El reto es amplificar y materializar estas transformaciones a tiempo y aprovechar el momento de oportunidad que tenemos para revertir la situación.

Según un informe del Ministerio para la Transición Ecológica, las temperaturas en España podrían aumentar entre 2 grados y 6,4 grados para final de siglo. Si las previsiones menos halagüeñas sobre el calentamiento global se cumplieran, ¿qué efecto tendría sobre los ecosistemas de nuestro país?

Los ecosistemas ya se están viendo afectados por el aumento de temperatura: las olas de calor son más largas, se ha producido una disminución de las precipitaciones y un incremento de los fenómenos extremos. Por ejemplo, se han observado cambios en los periodos de floración y fructificación de muchas especies que pueden alterar el comportamiento de las aves migratorias u otros animales. Muchas aves ya están adelantando su llegada a la península y algunos insectos están adelantando la emergencia de los adultos. También se han observado cambios de distribución como la ascensión de la altitud del piorno serrano en la Sierra de Guadarrama. En el medio marino, se observan cambios en la distribución y abundancia de especies de flora y fauna y una disminución del potencial pesquero y acuícola. En las costas, debido al aumento del nivel del mar, los eventos extremos y los cambios en el oleaje y en la temperatura del agua –unidos a otros factores como la ocupación de la costa–, podrían aumentar las inundaciones y la erosión, con los daños materiales, ecológicos y económicos que esto conlleva.

Por eso es importante combinar una ambiciosa política de mitigación del cambio climático con planes de adaptación que nos permitan hacer frente a los impactos inevitables, algunos de los cuales ya estamos experimentando. En este sentido, España está trabajando en una línea de clara ambición para lograr la neutralidad climática a más tardar en 2050. Contamos con el segundo Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) 2021-2030 y con el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, que va más allá de lo marcado por la Unión Europea, con un objetivo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero en 2030 de un 23% respecto a los niveles de 1990.

La transformación del clima y la destrucción de los ecosistemas están estrechamente relacionadas. ¿Qué papel puede desempeñar la protección de la biodiversidad en la lucha climática?

Los ecosistemas sanos son fundamentales para hacer frente al cambio climático, tanto desde el punto de vista de la mitigación, por su capacidad de absorber CO2, como desde el de la adaptación. De hecho, las soluciones basadas en los servicios que prestan los ecosistemas (Soluciones basadas en la Naturaleza o SbN) son altamente eficientes para este fin. Estas abordan retos sociales clave a través de la protección, la gestión sostenible y la restauración de ecosistemas, beneficiando tanto a la biodiversidad como al bienestar humano. Algunas de estas medidas son la reforestación, las infraestructuras verdes, la agricultura y la acuicultura sostenibles o la protección costera. Por ejemplo, la reforestación de las cabeceras de las cuencas puede ser una medida de adaptación ante la sequía que permita aumentar la infiltración y disminuir la escorrentía del agua de lluvia. Se trata de utilizar los recursos de la naturaleza para lograr una economía más verde, que sea competitiva y eficiente en el uso de recursos, y que sirva para aumentar el capital natural en lugar de degradarlo.

La Fundación Biodiversidad va a destinar este año una importante cantidad de fondos al impulso de la recuperación verde y a la creación de nuevos empleos, también verdes. ¿Cuáles son las principales áreas sobre las que España puede construir una nueva economía sostenible?

En el contexto actual de recuperación, el papel de la Fundación Biodiversidad para impulsar la economía y el empleo verde cobra más sentido que nunca. Por eso, en las próximas semanas vamos a poner en marcha una serie de convocatorias de ayudas orientadas a impulsar proyectos ambiciosos y transformadores que nos permitan movilizar gran cantidad de fondos para fomentar este cambio de modelo necesario. Son ayudas vinculadas a la recuperación de ecosistemas y lograr un cambio en nuestros estilos de vida. Pero también nos van a permitir apoyar la creación de empleo verde. El proceso de transición ecológica va a favorecer, sin duda, la aparición de nuevos nichos de trabajo relacionados con el medio ambiente. A los nichos tradiciones de empleo verde, como la agricultura y ganadería ecológica, el tratamiento y depuración de aguas residuales, la gestión de residuos o la producción de energías renovables, se sumarán nuevas oportunidades, como las que brindan las tecnologías de la información y de la comunicación, el turismo sostenible, las actividades específicas relacionadas con la mitigación o adaptación al cambio climático, la economía circular o la inversión en protección y restauración de la naturaleza. Esta transición exige una nueva mentalidad, nuevas habilidades y formación para poder aprovechar las oportunidades emergentes, así como hacer más verdes las oportunidades de empleo existentes.

Elena Pita

El agua es un recurso imprescindible no solo para la vida, sino también para actividades como la agricultura o la ganadería, tan importantes en nuestro país. ¿Está el sector primario preparado para la previsible escasez de recursos hídricos? ¿Deberían los empleos ser también azules?

La agricultura y la ganadería se verán afectadas por la disminución de la disponibilidad de agua y de su calidad a consecuencia del cambio climático. También sufren otros impactos como los desplazamientos de las estaciones y los daños por calor y por eventos extremos. Para hacerles frente, el PNACC contempla promover la adaptación de la agricultura y la ganadería a los cambios del clima ya verificados, así como a los previstos, con especial énfasis en su ajuste a los recursos hídricos disponibles mediante los correspondientes sistemas de gestión. En este ámbito, la Fundación Biodiversidad promueve, en el marco de los programas Empleaverde y Pleamar, distintas iniciativas para apoyar la sostenibilidad en sectores como la agricultura, la ganadería, la pesca y la acuicultura, a través de actividades de formación y de ayuda a la contratación de personas desempleadas en el marco de la economía verde y azul.

Entendiendo la transición ecológica como una transformación integral y siendo Fundación Biodiversidad un organismo público, ¿qué papel juegan el sector privado, el académico y la población general en el rediseño del modelo económico?

Los complejos problemas ambientales requieren la participación de todos los actores. La importancia de la toma de decisiones basadas en el mejor conocimiento disponible está fuera de toda discusión en este ámbito. También el papel de las empresas en la agenda ambiental ha evolucionado mucho en los últimos años. Teniendo en cuenta la magnitud de las inversiones que hay que acometer para alcanzar sus objetivos, las convenciones medioambientales reconocen la importancia de la financiación privada y les conceden un papel relevante como proveedoras de soluciones y agentes del cambio. Esta fuerza motriz puede ser aún más eficaz cuando empresas y gobiernos trabajan de forma coordinada. Por ello, el desarrollo de iniciativas y alianzas de colaboración entre el sector público y el privado en materia de conservación de la biodiversidad resultan fundamentales para avanzar. En cuanto a la sociedad en general, el cambio cultural es clave para acompañar las reformas estructurales que deben conducir a un modelo de prosperidad respetuoso con la naturaleza, bajo en emisiones de carbono, resiliente e inclusivo. En la Fundación Biodiversidad llevamos más de 20 años trabajando para lograr estos objetivos ambientales y en este nuevo periodo queremos evolucionar. Vamos a seguir trabajando en la protección y recuperación de la naturaleza, pero prestando especial atención a los factores socioeconómicos –incluyendo los aspectos de género– y de cambio de estilos de vida. Además, la innovación, tanto tecnológica como de gestión eficiente de los recursos naturales, va a ser clave en el proceso de reconstrucción.

Las ciudades son uno de los motores económicos más importantes en España, pero también requieren de un esfuerzo extra para adaptarse a la emergencia climática. ¿Podría la restauración de la biodiversidad entenderse como una herramienta en la construcción de urbes más saludables, resilientes y sostenibles?

Sí, desde luego. La naturalización de las ciudades es una herramienta eficaz para la adaptación al cambio climático y la lucha contra la pérdida de biodiversidad. Así lo recogen distintos planes y estrategias europeos y nacionales. La utilización de soluciones basadas en la naturaleza conlleva beneficios ambientales, pero también sociales y económicos, con importantes efectos positivos en la salud y en la calidad de vida. Las zonas verdes y azules sirven para comunicar el espacio urbano entre sí y con su periferia. Permiten mejorar la calidad del aire al disminir el impacto acústico y reducen el efecto isla de calor. En esta línea, la Estrategia de la UE sobre la biodiversidad para 2030 hace un llamamiento a las ciudades europeas de 20.000 habitantes o más para que elaboren ambiciosos planes de ecologización urbana. Estos deberán incluir medidas para crear bosques metropolitanos, parques y jardines accesibles y ricos en biodiversidad, granjas urbanas, muros y cubiertas verdes, calles arboladas, y praderas y setos urbanos. Además, deben contribuir a mejorar las conexiones entre espacios verdes, eliminar el uso de plaguicidas y limitar el corte excesivo del césped en espacios verdes urbanos y otras prácticas perjudiciales para la biodiversidad. Además, la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde y de la Conectividad y Restauración Ecológicas del MITECO ahonda en el interés de las soluciones de infraestructuras verdes en los entornos urbanos, destacando servicios ecosistémicos de tipo cultural (ocio, salud, bienestar, aspectos sociales, etc.) y de regulación (regulación térmica, purificación del aire, control de la erosión. etc.). Desde la Fundación Biodiversidad vamos a poner en marcha este año una línea de trabajo sobre ecosistemas urbanos para contribuir a implementar estas medidas.