‘Rewilding’: liberar la naturaleza para proteger a las ciudades
05 Marzo 2021 • Sociedad y Personas

‘Rewilding’: liberar la naturaleza para proteger a las ciudades

 

  • En la mayoría de los casos, vivir en núcleos urbanos implica renunciar a una vida saludable.
  • Más allá de la revegetación del entorno, el rewilding significa reparar el ambiente intentando que sea lo más parecido posible a sus orígenes.

Por Carmen Gómez-Cotta

 

Plantas silvestres, prados, árboles, aves, insectos… si llenáramos las ciudades de elementos campestres, ¿dejarían entonces de ser urbes? El objetivo de recuperar el lado más salvaje, medioambientalmente hablando, de una zona urbana no implica que deje de ser tal. Más bien, se trata de compensar el rampante e infatigable desarrollo urbano del siglo XXI que ha ido destruyendo la primitiva naturaleza para levantar en su lugar junglas de asfalto. Entornos naturales devastados donde ahora se alzan potentes ciudades que han acelerado y exacerbado la crisis climática, cuyas consecuencias ya son palpables: merma de los recursos naturales, riesgo de extinción de especies, desproporcionada emisión de CO2, índices de contaminación estratosféricos o enfermedades respiratorias frecuentes, por mencionar solo algunos.

El tráfico, el ruido, la falta de actividad física, el estrés o la carencia de entornos verdes son condiciones sine qua non para vivir en núcleos urbanos. En la mayoría de los casos, se traduce en renunciar a una vida saludable. Si queremos disfrutar de sociedades sanas y habitables, restaurar los ecosistemas es una prioridad. No se trata solo de plantar árboles –una medida efectiva, pues son buenos filtros que atrapan la polución y la suciedad urbana en sus hojas y cortezas–, sino de dar un paso más y renaturalizar las ciudades. O lo que es lo mismo: un rewilding que, más allá de la mera conservación y revegetación del entorno, significa reparar el ambiente. La clave está en intentar que sea lo más parecido posible a sus orígenes, antes de la ferviente actividad industrial del ser humano. Su objetivo último sería recuperar las condiciones naturales anteriores al proceso de urbanización, recobrar la conectividad ecológica y proteger la biodiversidad.

Si queremos cumplir los objetivos estipulados en el Acuerdo de París, la humanidad debe replegarse, ralentizar su ritmo de producción y consumo y permitir que las aguas vuelvan a su cauce. Derribar diques de contención, frenar la construcción de embalses y la tala de árboles, respetar las aguas y terrenos para que se depuren o recuperen su flora y fauna son solo algunos pasos para conseguirlo. El cuidado del medio ambiente no tiene por qué ser algo exclusivo de los entornos rurales. El rewilding también es urbano. Para ello, hay que replicar el campo en la ciudad, asilvestrar el entorno y permitir que todo sea más campestre. Solo así el hábitat rural se podrá desarrollar de forma natural, a su aire. Esto pasa por esbozar un planteamiento práctico que utilice una fauna autóctona, dejando de lado tanto las plantas y árboles más exóticos como los diseños verdes ornamentales, para fomentar la recuperación natural de aves e insectos que, atraídos por ese entorno, contribuirán al restablecimiento de un equilibrio dinámico.

Junto con la restauración de la biodiversidad, la mitigación de la contaminación y la mejora de la calidad del aire son otras dos metas esenciales. Además, contribuye positivamente a la mejora de la salud mental y emocional de las personas. El objetivo no es solo reproducir pequeños bosques o prados en las ciudades, sino crear áreas verdes donde los árboles y las plantas ofrezcan a los ciudadanos espacios para que la mente y el cuerpo conecten con la naturaleza, sintiendo todos sus beneficios. Es espectacular el poder curativo del sonido de las ramas mecerse en el viento, del piar de un pájaro, del olor o color de unas flores… Solo pasear al lado de un árbol nos alivia y ayuda a disminuir los niveles de estrés.

Muchas urbes han empezado a desarrollar proyectos de rewilding, recubriendo sus costas de espacios verdes para protegerlas de futuras inundaciones –como el Dryline de Nueva York–, rescatando espacios industriales abandonados –como en Dassau, Alemania– o aprovechando los tejados de los edificios para levantar pequeños prados –como en el caso de Barcelona–. La supervivencia de las sociedades modernas pasa por diseñar ciudades que proyecten la recuperación de la biodiversidad como un aspecto clave y planifiquen entornos donde se pueda respirar un aire más limpio, puro, fresco. Porque el desafío del futuro inmediato es vivir en núcleos saludables y de calidad.