Supermanzanas, o cómo recuperar la vida en los barrios
10 Mayo 2021 • Sociedad y Personas

Supermanzanas, o cómo recuperar la vida en los barrios

 

  • En Madrid, el 80% del espacio de las calles se dedica a los vehículos, a pesar de que estén aparcados el 95% del tiempo.
  • En este modelo, las plazas de aparcamiento que quedan en desuso pasan a ser sustituidas por espacios peatonales, plazas, árboles y parques.

Por Cristina Suárez Vega

 

En la ciudad nada es lo que parece. Todo cambia y se transforma. La vida urbana se mueve a la velocidad de la luz por unas grandes calzadas que todo el mundo sigue de aquí para allá. Un ritmo que hace que hace que las novedades se sucedan una tras otra o, al menos, así es como lo capta el ojo humano. Pero ¿hasta qué punto es sostenible este incesante latido urbano? Tal y como están planteadas las ciudades ahora mismo, la respuesta no es muy optimista: el intenso tráfico que permite esos rápidos viajes entre sus principales arterias pone en riesgo la vida en los barrios. En Madrid, sin ir más lejos, el 80% del espacio de las calles se dedica a los vehículos, a pesar de que estén aparcados el 95% del tiempo. Al peatón solo le quedan aceras estrechas y un mar de asfalto.

Este problema, sobre el que numerosos expertos llevan advirtiendo desde hace tiempo, se ha incrementado con la pandemia y ha llevado al consistorio de la capital a recuperar el proyecto piloto Madrid Centro. Guardado en un cajón desde la crisis de 2008, esta iniciativa pretende liberar el 70% del espacio urbano con una herramienta fácil, rápida y barata: las supermanzanas.

En caso de que no hayas oído hablar de ellas, las supermanzanas se presentan como la forma ideal de transformar el urbanismo. La fórmula consiste en disminuir el tráfico de las ciudades, devolver el espacio al peatón, multiplicar las zonas verdes y reducir la contaminación. En pocas palabras, se basan en delimitar varias manzanas de bloques de vivienda –incluidos sus locales y oficinas– en una mayor manzana de unos 500 metros de ancho y redirigir la mayor parte del tráfico rodado a los márgenes exteriores –y no interiores– de estas, recuperando así gran parte de la peatonalidad.

 

De esta forma, las plazas de aparcamiento que quedan en desuso pasan a ser sustituidas por espacios peatonales, plazas, árboles y parques. Se recupera así esa vida de barrio casi extinta en los hábitats urbanos y se llega, incluso, a transformar las relaciones entre los vecinos en unas más íntimas y similares a las de un pueblo, como explica Salvador Rueda, padre del concepto de la supermanzana. «Esta propuesta permite el derecho a la cultura, al arte y al entretenimiento porque en el espacio que antes tenían solo los coches se pueden poner bancos, hacer actividades, juegos infantiles… los niños pueden jugar, charlar, pasear y correr de nuevo», asegura.

Pero ¿Cómo se germina una supermanzana? En pocos pasos: el primero consiste en distribuir y delimitar el plano urbano de tal forma que ningún barrio se quede fuera. Basta con utilizar señales o pintura para definir los espacios. Después, se comienzan a ampliar las aceras, plantar árboles y añadir carriles para bicicletas. Los coches no se prohíben, pero su velocidad queda limitada a 30 kilómetros por hora y se vigila que se cumpla a través de sistemas de cámaras. Y, poco a poco, vuelve la vida pausada que da un respiro a los vecinos –y a la atmósfera–.

En el caso de Madrid, esta nueva red planteada por el proyecto piloto dividiría la ciudad en más de una veintena de supermanzanas. El distrito del Retiro, por ejemplo, se convierte en un vecindario completamente verde ocupado, casi al completo, por el famoso parque. Se protege así a sus vecinos del constante tráfico y se garantiza una mayor calidad de vida capaz de salvar el planeta.

Este ambicioso proyecto, sin embargo, no es el primero en nuestro país. Ni será el último. Otras supermanzanas florecieron antes en España: la inspiración nació en Barcelona, madre de estas propuestas urbanas. Allí, Ton Salvadó, director del Modelo Urbano del consistorio, consiguió instalar en 2016 la conocida como «supermanzana de Poblenou», la primera de las veinte previstas en la Ciudad Condal que devolvió a los vecinos más de 9.000 metros cuadrados, eliminando más de 1.000 coches diarios e instalando zonas de baja velocidad que permitieron recuperar la calidad del aire.

¿Te imaginas disfrutar de todas las ventajas de vivir rodeado de verde, pero sin abandonar los beneficios de la ciudad? Así ha ocurrido también en Vitoria, que instaló su primera supermanzana en 2011 y ya contabiliza más de 63 barrios peatonales, lo que ha contribuido a duplicar los desplazamientos a pie, reduciendo casi a la mitad las emisiones de dióxido de carbono. Una solución básica y eficiente que mantiene la vida de las ciudades, sin robársela a sus vecinos.

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