Mundo sin abejas
13 Junio 2019 • Medio Ambiente

¿Podríamos vivir en un mundo sin abejas?

Según los expertos, la población mundial de abejas está desapareciendo: ¿cómo afectará al ecosistema su extinción? Desde pequeños hemos oído hablar sobre la importancia de las abejas para sostener nuestro ecosistema. Pero, ¿podríamos vivir en un mundo sin abejas?

La polinización permite a las plantas y flores dar frutos a través de la transferencia del polen de los órganos masculino a los femeninos. Este proceso, se puede dar de tres maneras: por el viento (anemófila), por el mar (hidrófila) y a través de los insectos (entomófila). Esta última es considerada la más importante de los tres tipos, de hecho, de ella depende más del 75% de la producción alimentaria a nivel mundial y el 90% de la flora silvestre según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO).

Desde hace más de una década, la población de abejas, mariposas y abejorros, grandes responsables de la polinización se han visto amenazadas por los distintos factores climáticos y humanos. Según el informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas, solo en Europa el número de abejas disminuye entre un 20 y un 35% anualmente, una situación aún más crítica en otros países como Estados Unidos donde le porcentaje supera el 50%.

¿Por qué desaparecen las abejas?

Una de las principales causas de la desaparición de los polinizadores se debe a la intervención humana. La agricultura industrializada instaurada en países del primer mundo afecta directamente a estos insectos al destruir su hábitat natural y reducir la cantidad de alimentos.

Además, el Informe sobre el Declive de las Abejas (PDF) ha puesto en evidencia que los plaguicidas industriales, muy eficaces para eliminar los efectos adversos de las plagas, afectan la salud de los polinizadores. Sin embargo, este problema no tiene un único causante, la urbanización de los territorios, el deterioro de su hábitat y el cambio climático están afectando a estas especies.

Si las abejas son la base del ecosistema, no solo depende de ellas la polinización y seguridad alimentaria, sino que, como base de la cadena trófica, son el sustento de este ciclo que podría llegar a derrumbarse.

Un fuerte impacto para la economía

Según el informe (PDF) elaborado por Greenpeace el valor económico de la polinización de las abejas se estima en unos 2.400 millones de euros en España y unos 265.000 millones de euros anuales en todo el mundo.

Los principales cultivos que se ven afectados por la polinización son los frutos secos con una vulnerabilidad por encima del 30%, seguido por las frutas, 18%, donde el valor económico de la labor de los polinizadores se calcula en 1.200 millones de euros. Y, por último, los cultivos de hortalizas, 17%.

La polinización es fundamental para dar frutos y está comprobado que la labor de estos insectos facilita este proceso. De hecho, una colonia de abejas es capaz de polinizar alrededor de tres millones de flores en un día mientras que solo para polinizar un pequeño huerto de manzanos, hace falta la labor de más de veinte personas.

La solución: concienciación y cambios

En los últimos años, y ante el creciente peligro, se han planteado nuevas formas de polinizar las flores. En este tema, la Universidad de Harvard ha estado desarrollando abejas robóticas que imitan el proceso realizado por estos insectos. Sin embargo, estos robots no producirán miel, así como tampoco podrán cubrir las necesidades alimenticias de otras especies.

La concienciación y las nuevas prácticas más amigables con el medioambiente como el uso de productos naturales para eliminar los insectos dañinos o la imposición de prácticas agrícolas más ecológicas son dos de las claves para invertir la tendencia de la desaparición de los polinizadores.

En nuestros hogares, podemos colaborar plantando especies de flores y arbustos que produzcan polen, como la lavanda o las margaritas. También, cultivar nuestras propias hortalizas y vegetales o tener un pequeño cultivo de hierbas aromáticas contribuyendo a fomentar prácticas agrícolas más ecológicas, ¡o incluso crear un hotel de insectos!